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Erbló de Paco Rebolo... la última frontera.

PIZZA SEÑORIAL, SUSHI INVERSO Y PAMPLINILLAS VARIAS

            Como entiendo que esto verá la luz días después de pasadas todas (o casi) las fiestas propias de las navidades, años nuevos, santas clauses, papás noeles y resto de consumismo a tope que nos imponen las grandes superficies y similares, me veo libre de tener que reseñar alguna receta típica de estas fechas. ¡Alabado sea San Euro y demás allegados!

            En esa línea de austeridad, voy a proponer un menú variado, que lo mismo vale para un roto que para un descosido, sobre la base de algo tan socorrido como una pizza y con tapeo variado a partir de arroz basmati, ahumados y morcilla de arroz. El precio es lo suficientemente asequible como para hacer el tema aún más atractivo y los resultados son realmente sugerentes. Y en algunos casos, sorprendentes.

            Para la pizza cogeremos como base una de las pocas cosas que vale la pena comprar ya hecha, una base Buittoni. Pasta de calidad, aunque para quien desee hacerla debo recordarle que las bases de pizzas se hacen completamente a mano; y cuando digo completamente es desde el principio hasta el final, sin contar con el auxilio ni de un modesto rodillo. Completamente, vamos.

            A partir de ahí, tomate frito (o natural, que tampoco queda mal, muy cortadito), queso (no necesariamente mozzarella, vale cualquier cremoso que se funda en pleno uso de sus facultades mentales), jamón (no ibérico de 32 bellotas, pero no malo porque se reseca y comeríamos sal con tocino), pimientos morrones, un huevo, chorrito de aceite y pizca de orégano.

            El procedimiento es sencillo: Se pone en primer lugar la masa de la pizza en el horno durante unos cinco minutos, para que coja consistencia, se saca y echamos el aceite, el tomate y el queso. Volvemos a meter en el horno durante otros 3 ó 4 minutos y cuando la saquemos ponemos el jamón, los morrones (cortados) y el huevo en el centro (como para freir pero sin sartén ni aceite). La idea es que ningún ingrediente se reseque en exceso, sino que todos cojan su justo punto (aunque ahora con lo de los puntos que se cogen hay que tener cuidado si conducimos). Al final, un minuto antes de servir, echamos el orégano, que nos dará de esta forma todo su aroma y no quedará como virutitas de serrín oscuro. No me diréis que no queda una pizza realmente señorial. Bueno, decídmelo si queréis pero probadla y luego hablamos, que arrepentidos los quiere Dios.

            Como lo mismo somos varios a la mesa, vamos a hacer algo que llamo sushi inverso por una sencilla razón: en el sushi (que no es lo del pescado crudo, eso es el sashimi), se pone el trozo de “relleno” en el centro del arroz y éste se envuelve con una curiosa alguita de sabor extraño y de precio más extraño aún (Nori). Aquí vamos a hacer lo siguiente: Cogemos arroz Basmati. ¿Por qué? Pues es sencillo, cada cosa tiene su tema y cuando vayamos a hacer ensaladas de arroz o rellenos como éste, el Basmati (que ya viene aromatizado) queda de lujo, porque es de grano largo, no coge mucho líquido y termina entero y casi crujientito.  Cuando lo tengamos hervido (sólo hay que seguir las instrucciones de tiempo que seguro vienen en el paquete), lo aliñamos como nos apetezca pero siempre poquito (aceite, vinagre de Módena, limón, mayonesa suave casera, etc.), y lo “ilustramos” con pasas, láminas de jengibre (de las que venden para sushi, sí), piñones tostados, y cualquier cosa que os apetezca salvo si os ha sobrado de un menú de Iberia. Cogemos el arroz y hacemos bolitas (con el arroz, claro). Ahora cogemos los ahumados que con astucia habremos comprado (aprovechamos ahora que seguro también están de rebaja) y hacemos tiras con el salmón (regalo de los dioses) y ponemos la bolita de arroz en el centro, cerramos, prensamos ligeramente y ponemos en el plato donde lucirá por sí solo. Aquí, en un alarde de imaginación, procedemos de la misma manera pero con bacalao ahumado. En este caso, no le viene nada mal un pelín de aceite de oliva cuando ya esté preparado. Plato y segundo lujo. Y en el colmo de la imaginación, cogemos atún ahumado y procedemos de la misma forma o manera pero sin el aceite. Al plato. Podemos seguir con trucha o similares, pero a mí me resulta demasiado insípida, creo que con los tres de antes quedaremos siempre muy bien. Pero para gustos los colores.

            Y para hacer un guiño a la tradición más rancia, vamos a usar también de un lujo poco conocido: la morcilla de arroz. En este caso, además, nos encontramos con que la ponen en muchos sitios cometiendo un pecado de los de purgar por siglos en el infierno: le echan aceite en la plancha. No, queridos, queridas y asimilados. La morcilla ya tiene su grasita (y si no, convenced a mi endocrino, por favor), con lo cual ella misma se hace sola, en sus juguitos. Fuego fuerte y cuando el arroz comienza a reventar o a crujir, comenzad a pensar en que ya está. Debe coger un color más oscuro aún que el de la morcilla cruda. Ahora cogéis un poco de pasta filo (hecha, aquí hay un par de marcas muy buenas), hacéis un cuadradito y metéis la morcilla, la envolvéis y la metéis en el horno precalentado al máximo. La idea es que la pasta quede también crujiente y tenga un puntito original. Al plato. A la mesa. A zampar.

            Y si me llamáis, llevo un Albariño que a esto le queda de partir la pana.

Para "Noticias de la Villa" de enero 2008.

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