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Erbló de Paco Rebolo... la última frontera.

¿Comida preparada? ¡No, gracias! (creo que 1ª parte, ya veremos)

Hace unos días estuve viendo en la tele, en uno de esos canales de documentales que tanto prolifera en la actualidad (ya se sabe, “Vida y cotidianeidad en el proceloso mundo de las cucarachas del Báltico”, “La angustia vital en los protozoos del Terciario” y productos prohipnóticos similares) un programa con un título al menos sugerente: “Historia de la cocina americana” (en el desafortunado entendido de que se refería a la cocina en los EEUU, no de toda América). Mi pensamiento se volvió confuso e, inmediatamente pensé en alguna magnífica tarta de manzana o en alguna receta de la cocina judía. Craso error. Ni siquiera amenazaban con maltratar a un desabrido pavo. Resumen del programa: el tabasco, la mostaza y el ketchup. Argh.

Pero, al momento, me puse a reflexionar en que la tendencia en este mundo de prisas y móviles que nos quieren imponer, nos lleva a nosotros, herederos de la cocina mediterránea, a adulterar de la misma manera nuestros hábitos más sanos y arraigados. Porque, a ver, ¿somos conscientes de la invasión vía publicitaria de la cantidad de preparados, cocinados, precocinados, congelados, enlatados y adulterados alimentos que estamos tomando? Bueno, creo que lo de menos es tomar, lo importante es comprar. Por eso, me he puesto a repasar determinados productos a los que nos hemos acostumbrado y que no suponen ninguna mejora en nuestra dieta, nuestro menú o nuestras prisas, pero ante los que acabamos indefectiblemente sucumbiendo. Y hoy me apetece hacer un breve recorrido por ellos (tiempo habrá para completarlo).

Si tenemos un elemento que es maltratado hasta lo infecto ése es el tomate frito. Latas y marcas en las que se nos promete un producto artesano, puro, con sabor y en las que se nos acaba dando algo rojo que de sabroso no tiene ni el nombre. ¿Soy yo el único que abomina de esto o alguien más se apunta a la Cruzada? Menos mal que en esto hay una luz en la oscuridad, una sola marca que merece el apelativo de magnífica y que, curiosidades del destino, no es de ninguna multinacional deslocalizada (de Murcia, de hecho). El producto se llama Hyda y lo encontráis en casi cualquier gran superficie de la zona. Realmente sorprendente por el simple mérito de que sabe a tomate frito siendo tomate frito. En cualquier caso, con un mínimo de tiempo os propongo una manera muy simple de preparar una buena tomatada: Lata grande de tomate triturado, golpecito de aceite, fuego lento y tapadera durante unas dos horas. Al final sal y azúcar. Exquisito y simple.

¿Y la mayonesa? Anuncios y más anuncios que nos invitan a un mundo de lujuria y pasión. Hay que entender que, hoy día, puede ser un riesgo en algunos restaurantes, con lo cual, obviamente me abstengo de pedir algo que la lleve, lo que no hago es tomar “algo que se parece a mayonesa” (bueno, salvo en Al-Andalus, donde la preparan con huevo pasteurizado y está de vicio; los camareros me la sirven nada más llegar, aunque pida un café sólo. Además son tan simpáticos y buena gente que si no lo pongo amenazan con cortarme no sé qué (con lo que no se puede hacer en verano la mayonesa la próxima vez que vaya). ¡Saludos!). ¿Cómo se puede tomar un buen gazpachuelo o un cóctel de gambas con “eso” que te ponen? Nunca lo entenderé. Quizás es que tenga el paladar gratinado, pero no paso por ahí. ¿Alternativas envasadas?: ninguna, lo siento.

El summum de la barbarie culinaria preparada: las tortillas de patatas elaboradas. Volvemos a lo de antes, el huevo y sus problemas. Con no pedirla basta. Para comer sucedáneos resecos y sin sabor, mejor abstenerse. ¿Opciones?: Ninguna

¿Y en las verduras? Entendería algunas de las ofertas si viviéramos en Laponia, Groenlandia o en una isla desierta en mitad del Pacífico, pero en España, en el Sur, con esas huertas florecientes… ¡Amos anda! Braseados, parrilladas, enlatados, congelados… todo a la basura, por favor; sección no reciclable. Además

intentad preparar cualquier plato de forma natural y os sorprenderá que el tiempo es hasta menor que si lo compramos ya elaborado. Aquí sólo una pequeña recomendación: los guisantes Bonduelle, un oasis entre tanta mediocridad. Pero si vamos con prisas, una sugerencia: las verduras salen exquisitas simplemente pelándolas y envolviéndolas en papel film, luego se ponen en un plato y en el microondas unos minutos: se hacen en su jugo, con todas sus vitaminas y demás cositas que traen de fábrica (huerto). Y además saben a verdura sin costes adicionales.

            Y como ha quedado mucho en el tintero (bueno, en el teclado), lo mismo escribo más pero ante todo, recordad: “hay una vida mejor, pero es más cara”.

Para publicar en "Noticias de la Villa" de septiembre/2007.

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