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Erbló de Paco Rebolo... la última frontera.

TETERIA CUATRO GATOS

Partamos de la base de que el té se comenzó a tomar en infusión hace 4500 años (no se sabe si por la mañana o por la tarde) y, cómo no, en China. Bebida suave, sutil, vigorizante, aromática y con el dudoso honor de haber servido a los actuales EE.UU. como “casus belli” en su levantamiento contra el británico opresor  en la famosa Revuelta de Boston (lo cierto es que cuando han necesitado una guerra siempre han tenido la “enorme suerte” de ser agredidos, aunque luego se acabara demostrando el montaje ad hoc, pero ¿a quién le importa la sutileza?)

Como no quiero descender al terreno de la política de las no-armas de destrucción masiva, voy al terreno de lo amable, limpio y con estilo y si mezclamos eso con té en Algeciras la ecuación (o adivinanza) tiene nombre propio: “Tetería Cuatro Gatos” (en la Galería de la Calle Ancha), donde mi viejo conocido J mantiene en alto el pabellón de ser, hasta donde yo sé, el único lugar donde degustar tamaña variedad de tés, amén de ser, eso sí, el único establecimiento donde la repostería se hace de verdad, con gusto, sin plásticos que es lo que acaba pareciendo la pastelería al uso hoy día, de prisas y sabores a nada aunque, eso sí, todos iguales.

Lo dicho, cuando entramos en “Cuatro Gatos” nos vamos a encontrar, casi siempre, con cuadros, fotografías o grabados de variados autores en grata exposición, con lo cual la decoración es siempre única. Y el buen gusto también, como las mesitas encantadoras con decoración de claras reminiscencias clásicas. A partir de ahí, la música nos acompaña sin estridencias, lo justo para no oír lo que se habla en la mesa de al lado y a la vez para disfrutarla a poco que pongamos atención.

Al llegar a este punto lo normal es  sentir una mezcla de confusión por encontrarnos con una carta de más de 20 clases de té (abarcando todo el arco iris y todos ecológicos, también para llevar), otras siete u ocho de cafés (natural, no torrefacto) amén de chuches varias. A mí, lo he de confesar, en cuanto ser primitivo y de gustos simples, me gustan todos, tés, cafés, cacao, zumos, batidos, etc. Pero puestos a elegir, me decanto por un estupendo té verde con hierbabuena, qué le vamos a hacer. Y además acompañado con una porción de tarta Sacher de chocolate con frambuesas realmente fina, sin saturar. Luego recomiendo pedir el clásico americano, hecho en la leche, con canela en rama y Licor 43, como el Dios de las hojas de té manda. Y lo podemos acompañar con una tarta de Almendras con dátiles o una de chocolate blanco con frutos rojos.

Como además de primitivo, el vicio me corroe, mi propuesta pasa por llegar con tiempo y, degustados y casi digeridos los tés, pedir para rematar de tacón y por la escuadra un cafelito (¡y pensar que no empecé a tomar café hasta pasados los veinte añitos!); en este caso las opciones son menores aunque igualmente jugosas: me decanto por un antillano con ron, canela, azúcar de caña y nata, aunque uno árabe con canela y cardamomo, muy dulce o un iraní sólo con cardamomo y también muy dulce no serían mala elección. Menos mal que yo, como Silvio Rodríguez venzo la tentación sucumbiendo al deseo, que si no…

Para un zumo natural ya no me queda tracto digestivo, ni para un recio pan moreno de verdad, así que entornados los ojos, con el adecuado avituallamiento, salgo con la frente bien alta y con la tranquilidad de haber estado en un lugar agradable, tratado con amabilidad, disfrutado de un cálido ambiente y degustado productos de alta calidad sin dejar en prenda la cartera. ¿Qué más se puede pedir?

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